VALENTINA

PRÓLOGO

Siempre había sido la niña que solo se preocupaba por ella, su familia y estudios. Solo me importaba tener un buen futuro y estudiar, ya que es lo que me inculcó mi padre desde que era niña. Mamá se fue cuando tenía tan solo seis años, y, recuerdo como cambio todo de un momento a otro, como si me quitaran una parte de mí, aunque solo era una cría con toda una vida por delante. Recuerdo cómo lloraba mi padre todas las noches al acostarse sin tenerla a su lado, y cómo evitaba decir su nombre cuando le preguntaba dónde estaba. Recuerdo su dulce voz cantándome todas las noches o como olía la casa al llegar de la escuela cuando preparaba los canelones que me gustaban tanto. Supongo que con el paso del tiempo me fui olvidando cada día un poquito más de ella, pero muchos recuerdos siguen presentes en mí, como si mamá siguiera aquí con nosotros. Cuidé de mi padre hasta, que por fin, un día dió el paso y consiguió salir con sus amigos después de pasarse años encerrado en casa. Ese día volvió a las doce de la noche y, acompañado de alguien a quien odié desde el primer momento, Daisy. Era una mujer rubia, tan artificial que parecía hecha de puro plástico. Desde esa noche mi padre no se separó de ella, siempre me he preguntado si es porque echa de menos a mamá o porque realmente la quiere, pero, he de admitir que Daisy consiguió sacar a mi padre del caos en el que estaba metido. Cuando mi padre y Daisy se casaron, nos mudamos a Smithfield. Un pueblo de campo pequeño y cómodo en Virginia donde la mayoría se gana la vida en las tierras o trabajando en el ayuntamiento. Excepto los Grettel. Tienen una fortuna y dice Daisy que su casa parece la misma Casa Blanca.

Los primeros años después de mudarme a Smithfield mi vida transcurría indiferente. Solía salir a pasear con mi padre y con Gus al atardecer, y no paraba de ver películas sin cesar. No podría decir que mi vida era divertida porque si no mentiría, todo era pacífico y rutinario.

Hasta que llegó. Llegó como un terremoto a mi ya difícil vida para ponerla patas arribas. ¿Cómo es posible que una persona pueda convertirte, en otra totalmente opuesta?

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 1

-¡Valentina! ¡Baja de una vez, joder! Son las seis y vas a llegar tarde a la entrevista, como siempre… -grita mi padre enfadado desde la cocina.

Me está empezando a poner de los nervios, y eso que estoy intentando mantener la calma. Hoy es un día muy importante para mí y tengo que estar tranquila, llevo esperando este momento desde hace unos cuantos años ya.

-Vale papá, no grites dios mío –digo mientras bajo las escaleras a toda prisa.

Al llegar a la cocina encuentro a mi padre sentado en una silla leyendo el periódico, parece más nervioso que yo incluso, le tiemblan las manos y no se deja de morder las uñas, gesto que he heredado de él. Parece cansado y eso que son las seis menos cuarto de la tarde, sus ojos negros carbón están más emocionados de lo normal y esboza una pequeña sonrisa al darse cuenta de que por fin he terminado de arreglarme para el gran día. Sería un gran orgullo para él poder decirle a sus amigos que he sido admitida en el Conservatorio James Madison, el más importante del estado de Virginia . Desde pequeña me encanta la música, cantar y tocar cualquier instrumento, en especial el piano. Mi padre toca en una banda y los fines de semana da conciertos en un Pub en el centro del pueblo llamado ‘Bom’. De vez en cuando voy a verlos con Gus, me encanta ir, ver a mi padre tan feliz me alegra aunque no esté muy acostumbrada a ello. Entró en una pequeña depresión cuando mamá murió y parecía que no iba a salir de esa. Poco después formo la banda y le apasiona, siempre le había gustado tocar la guitarra eléctrica pero nunca pensé que llegaría a ser el guitarrista de una banda de rock.

-¡Aleluya! ¿Te llevó su tiempillo eh? A saber qué harías… -dice mi padre con su típico descaro

-¡Papá! Deja de decir tonterías, no sé quién pareces, se te está empezando a pegar la poca vergüenza de tu querida Daisy –le reprocho malhumorada, odio que mi padre diga cosas parecidas a las de Daisy, ya que solo son tonterías que no hay quien aguante.

Parece mentira que después de siete años siga sin soportarla. Llevamos viviendo los tres juntos desde hace cuatro años, cuando tenía trece. Me cayó fatal desde que la vi, su sonrisa fue aún más falsa que sus tetas cuando mi padre nos presentó. Eran las doce de la noche y yo estaba tranquila viendo El diario de Noa, una de mis películas favoritas, de repente mi padre entró con ella riéndose como no había hecho en años. Me sorprendió bastante su físico ya que mi madre era completamente diferente, tenía una cara dulce con unos preciosos ojos verdes que transmitían cariño, el pelo lo llevaba por los hombros y era de un color castaño claro, era muy natural y no se solía arreglar mucho, pero se admiraba su belleza nada más verla. Sin embargo Daisy era su antítesis. Rubia platino y de tez muy morena debido a los kilos de maquillaje que debía llevar puesto, unos ojos oscuros y profundos y con labios de color carmín carnosos, su nariz era fina y entro tambaleándose en mi casa, seguramente habría bebido un par de copas, quizá mas.

-¡Valen! Me alegro muchísimo de conocerte cari, eres tan guapa como dijo Robert, menudos ojazos- me dijo Daisy con una voz de pito insoportable. Luego se dirigió a mi padre y lo besó delante de mis narices, me entraron ganas de subir a mi habitación corriendo, dar un portazo y esconderme allí, imaginando que esa mujer no era real y que todo eso no hubiera pasado, pero me quedé allí quieta. Contemplando como esa mujer le saca a mi padre las sonrisas que yo no pude sacarle en muchísimo tiempo. No podía besarlo y robarle el corazón que pertenecía a mi madre, no podía destrozar aún más mi familia y olvidarnos de nuestro pasado de un momento a otro. No podía hacer que mi padre la mirara con los ojos que miraba a mi mamá. Me angustiaba pensando que Daisy se llevara a mi padre y lo cambiara, haciendo que no volviera a ser el mismo jamás.

Además, ¿qué coño le veía? Era joven, sí, y tenía curvas y un culo grande, pero era la persona más repelente que he conocido. Su voz y que fuera impoluta hasta para andar por casa me sacaba aún más de quicio, nunca he soportado a la gente superficial, además desde el primer momento me trato como si fuera menos que ella. Siempre intentó hacer el papel de madre que nunca fue, y no sé por qué, pero no me fiaba de ella, me parecía una mujer hipócrita y que quería algo siempre a cambio de los poquísimos favores que nos hacía. No me caía bien. Punto.

Me dirijo a la silla donde está sentado mi padre y le planto un beso en la mejilla mientras le robo una patata que tiene en el plato. Mi padre trabaja hasta las cinco de camarero en el pub donde toca los fines de semana, y no puede comer allí, por lo que cuando llega a casa Daisy ya le ha preparado la comida y la come tarde.

– Dios… Me va a salir fatal papá, ya verás. No me van a coger así que no te hagas ilusiones, porfa, prefiero que sea así a que estés aquí esperando a que te de la poco probable noticia de que me han admitido en el Conservatorio. No va a pasar. – le digo.

Siempre me agobio por todo y en lo que a los estudios respecta, soy muy pesimista. Cuando acabo de coger todo lo que voy a necesitar para la prueba, salgo de casa y entro en el coche. Está frío y el rojo de la pintura se está desgastando. Necesito un coche nuevo. Este perteneció a mi madre cuando era joven, y tiene bastantes años ya. Pero la verdad es que me da pena llevarlo a la chatarra, a ella le encantaba y me recuerda a todos los viajes que hicimos alrededor del país con él. Lo pongo en marcha y empiezo a conducir. El trayecto hacia el Conservatorio no dura más de veinte minutos.

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 2

<<No me lo creo. No es real. Esto no puede estar pasando.>> pienso mientras la directora del conservatorio me da la noticia

-Bueno Señorita Gomez, veamos… Tu examen teórico es prácticamente excelente, casi como todas las demás pruebas prácticas que realizaste hoy mismo. Nos vemos el lunes a primera hora para concretar el calendario. Enhorabuena, Valentina. – me sonríe, y le doy las gracias antes de abandonar su despacho.

Es como un sueño hecho realidad. ¡Qué fuerte por dios! Llevo mucho tiempo fantaseando con entrar aquí, es una oportunidad increíble de aprender aún más, y siempre he querido dedicarme a cantar, bailar o tocar algún instrumento, todo relacionado con la música, claro. Nunca pensé que llegaría este día, pensaba que no tenía prácticamente ninguna posibilidad. Aprendí música por mi padre hasta hace dos años, que me metió en unas clases de piano y canto gastándose el poco dinero que le quedaba.

Cuando llego a mi casa lo primero que hago es llamar a Gus. Desde que me mudé aquí ha sido mi principal apoyo, además de mi padre, claro está.

– Em… Bueno, yo soy Valentina, y vengo de Nashville, en Tennessee. Ten-tengo trece años, como todos vosotros, claro… – reí nerviosa. La profesora señaló un pupitre vacío con una sonrisa, y yo, me dirigí hacia él.

Mi clase dió un fuerte aplauso y fue cuando Gus me dijo desde atrás: ”Ojalá te quedes por mucho tiempo”.

Desde ese día no nos separamos.

– ¿Hola? ¿Valen?

– ¡Guuuus! ¿A que no sabes qué?

– Déjame adivinar… ¡Te han cogido! –gritó mi mejor amigo al teléfono

– ¡Síí! Dios es el día más feliz de mi vida

– Tampoco exageres, hasta esta noche no será el mejor día de tu vida. ¡Hay que salir a celebrarlo! -me dijo entusiasmado.

Gus es el típico chico que en una discoteca está en el centro de la pista perreando con todas. Es el gracioso de la clase y el que cae bien a todo el mundo, y es un fiestero de los pies a la cabeza, pero, detrás de ese Gus, está el otro Gus. El agradable, fiel, el que te apoya siempre, el confidente, en fin… el que me gusta a mí. Todo el mundo piensa que somos novios o algo, pero para nada, nunca nos hemos gustado, es como el hermano que nunca tuve, una persona con la que tengo demasiada confianza.

– Bua , no tengo nada que ponerme para esta noche. – le dije disgustada mientras comprobaba que no tenía prácticamente ropa de fiesta.

– Ponte cualquier cosa, con todo estás guapa Valen.

– Si tú lo dices… Gracias de todas formas. Te dejo que la pesada de Daisy quiere el teléfono.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 3

Bajo al salón después de arreglarme y ponerme lo único que encontré para salir. Mi padre está viendo el partido de los Chicago Bulls contra Lakers mientras Daisy se pinta sus uñas largas a su manera.

– Pa, salgo esta noche con Gus para celebrar mi admisión en el Conservatorio, ¿vale? -le pregunto a mi padre entusiasmada.

– Cariño… déjala hombre. –insiste Daisy a mi padre con una mirada seductora.

Sé que tiene algo entre manos. Lo sé. Ella es así, siempre esconde o parece esconder algo detrás de su falsa sonrisa.

– Está bien, pero a las dos en casa que ya es tarde Valentina. –se decide mi padre.

Cojo mi bolso, me despido y espero en el porche a que Gus venga a buscarme como habíamos quedado. Después de mirar el reloj una centena de veces, mi mejor amigo sigue sin venir. Tampoco me coge el teléfono y llevo esperándolo veinte minutos. Me dirijo a la ventana de fuera de mi casa y veo que está entreabierta, me asomo a ver y me doy cuenta en la oscuridad de que mi padre y Daisy se están liando desesperadamente encima del sofá. No es algo que me llame nada la atención porque se lo he visto hacer miles de veces, pero esta vez parecen más pasionales. Sigo observándolos por mucho asco que me dé…. A saber qué dirá Daisy. Y, fue ahí cuando escucho a la zorra esa decirle a mi padre: ”Menos mal que tu hijita se fue, cariño. Follemos”. Mi padre le mete la mano por debajo de la falda y dejo inmediatamente de verlos. Joder, esta tía me cae cada día peor. ¿Cómo se puede ser así? Primero entra en nuestra vida y ahora quiere echarme de mi propia casa para follarse a mi padre. Paso de ellos, definitivamente.

Llamo a Gus por centésima vez, y, como sigue sin coger el teléfono me dirijo al garaje y arranco mi coche. Busco en el GPS dónde se encuentra el pequeño bar donde hemos quedado y comienzo a conducir directa a él. Hace una noche espléndida para estar a punto de acabarse el verano, no hay mucho tráfico y llego en seguida. Al entrar en este cuchitril plagado de gente que tanto le gusta a mi mejor amigo, comienzo a buscarle, y, como imaginaba, se encuentra rodeado completamente de chicas desesperadas. Cuando me ve, en seguida se levanta y viene hacia mí con cara de circunstancias.

– Tía, ¡quedamos hace media hora! – me dice gritando con su ronca voz debido a la fuerte música que suena.

– Sí, aún por encima vienes de víctima ¡Estuve sentada esperándote en el porche de mi casa durante muchísimo tiempo! ¡Y te llamé miles de veces!

– ¿Cómo que en el porche? Si quedamos aquí Valentina, le dije a Dai… Ostia. – Gus se calla inmediatamente sorprendido y entonces es cuando me doy cuenta.

– ¡¿Qué?! ¿A Daisy? – le pregunto malhumorada

– Sí…

– Nunca te creas ni una palabra de esa mujer… dios Gus, mira que te lo tengo dicho, eh. No aprendes. Esa zorra… No me puedo creer que no me lo haya dicho sólo para fastidiarme. Qué infantil es esa… – mi amigo me interrumpe.

– Tía, ¡deja de rallarte por ella que aquí venimos a divertirnos! Luego hablamos, pero primero, ¡una copa marchando! – Gus se dirige a la barra y vuelve con una copa de un líquido marrón en la mano.

– ¿Qué es? Gus, ya sabes que a mí lo de beber no me va mucho… – le digo no muy convencida. Tuve una mala experiencia con el alcohol y desde aquella no lo pruebo mucho.

– Valen, estamos aquí para algo, ¿no? Ya somos mayores, joder. – dice mientras me ofrece la copa con una sonrisa. – Bebe un poco.

Gus debería ser animador de fiestas, porque además de pasármelo pipa con él, siempre me acaba convenciendo.

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 4

Después de acabarme la copa dulce y marrón mientras Gus me mira, le digo:

-¿Contento? Venga, vamos a bailar que si no las desesperadas de tus amiguitas vendrán a por ti. -me burlo mientras nos dirigimos a la pista de baile.

Está sonando ‘Sorry’ de Justin Bieber. Me encanta esta canción. Empezamos a bailar como locos y no puedo parar de reírme. Y, en cuanto me doy cuenta, estamos en medio de un círculo en el centro de la pista mientras la gente nos ve y aplaude. Incluso hay personas que se ponen a grabarnos. Gus me coje en el aire al ritmo de la música y seguimos improvisando. Se nos da genial bailar y en último curso en la escuela ganamos el ‘Talent Show’ por una actuación de baile a lo Dirty Dancing. Gus hace una voltereta en el aire hacia atrás. La gente se sorprende y siguen gritando y bailando fuera del círculo. Es entonces cuando, a lo lejos, alguien al que reconozco al primer instante grita: -¡Chicooooooos!

Dejo de bailar y aviso a Gus de que nos ha llamado. Alex nos ha llamado.

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 5

No sé qué hacer. Si escapar corriendo o quedarme en el bar esperando a que todo pase. Alex se dirige hacia nosotros y el círculo que había formado el bullicio va desapareciendo.

-¡Joder! ¡Cuánto tiempo tío, me alegro un montón de verte!- Alex se dirige a Gus y le da un abrazo que me parece durar una eternidad.

Yo me quedo paralizada. No sé como actuar. Hace tantos años que no lo veo…

-Valentina, cuanto tiempo, estás súper cambiada. -me dice Alex con mirada melancólica.

-Ya… esque me teñí de rubio. Quería cambiar después de todo eso.

-Ah, lo entiendo… Bueno, tengo prisa que mi novia me está esperando. -dice mientras agita la mano y se despide de nosotros.

Siento que el corazón se me hace un puño ¡¿Novia?! Después de tantos años juntos… Qué rápido se le olvidó todo.

-Vale… Bueno, chao. -me despido secamente- A ver cuando me la presentas.

Alex se da la vuelta y asiente con una pequeña sonrisa picarona.